Antología de Textos Herméticos
SOBRE LA DIVISION DE LA NATURALEZA
SCOTO ERIGENA
Libro I - 2ª Parte

A. - Ya hemos hablado suficientemente de este punto, según creo.

M. - Y bien ampliamente, si no me engaño.

A. - Pero todavía tienes que explicar cómo es que se dice tan sólo que la naturaleza divina es creante y no creada, siendo así que, como queda evidenciado por las razones expuestas, ambas cosas se dan en ella, crea y es creada. Esas cosas parecen contradictorias.

M. - Estás bien atento a todo. Veo, en efecto, que ése es un punto digno de estudio.

A. - Sí que lo es.

M. - Presta, pues, atención, y aplica la mirada de tu mente a la respuesta que en breves términos te voy a dar.

A. - Empieza; te seguiré con toda atención.

M. - No pondrás en duda que la naturaleza divina es la creadora del universo.

A. - Sigue adelante. Dudar de eso es una impiedad.

M. - ¿Percibes igualmente con la fe y el entendimiento que no es creada por nadie?

A. - Nada más cierto.

M. - ¿No dudas, entonces, cuando oyes que es creada, que no es creada por otra naturaleza sino por sí misma?

A. - No lo dudo.

M. - ¿Pues qué? ¿No es siempre creante, ya sea que se cree a sí misma, ya sea que cree las otras esencias creadas por ella? Pues cuando se dice que se crea a sí misma, no tiene otro sentido aceptable más que el que crea las naturalezas de las cosas. La creación, en efecto, de ella, es decir, la manifestación de sí misma en algo, es, por cierto, su sustitución por todas las cosas existentes.

A. - Lo dicho hasta ahora parece probable. Pero quisiera saber qué enseña la teología sobre esa naturaleza inefable e incomprensible naturaleza creadora y causa de todas las cosas, a saber: si existe, qué es, cómo es, y cómo se define.

M. - ¿Y no ha hecho ver con toda claridad a los que contemplan la verdad esa teología que acabas de mencionar, y que se ocupa o exclusiva o principalmente de la naturaleza divina, que de las cosas que han sido creadas por ella se deduce que ella sola subsiste esencialmente, pero que no se entiende lo que es esa esencia? En efecto, no solamente, como hemos dicho repetidas veces, supera esa esencia todo esfuerzo de la humana razón, sino también las más puras inteligencias de las esencias celestiales; y, sin embargo, los teólogos, de las cosas que existen, han venido a descubrir, por el buen uso de su razón, que ella existe; y de las divisiones de las mismas en géneros y especies, diferencias y números, que es sabia; y del movimiento de las cosas, y de la estabilidad de la mente, que vive.

Por ese camino llegaron a encontrar la sublime verdad de que la causa de todas las cosas es trisubsistente. Porque, como hemos dicho, del hecho de que las cosas son, se colige que ella es o posee el ser; del orden admirable de las cosas, que es sabia, y por la realidad del movimiento se ha descubierto que es vida. Es, pues, la naturaleza creadora y causa de todas las cosas, y es sabia, y vive, y fundados en eso, los investigadores de la verdad nos han enseñado que por la esencia se entiende el Padre, por la sabiduría el Hijo y por la vida el Espíritu Santo...

A. - Ya veo que la respuesta del mencionado santo teólogo1 se apoya completamente en la verdad. Pues, como queda demostrado, no puede, ni en la naturaleza divina ni en la humana, aplicarse el nombre de una relación a una sustancia o esencia. Pero desearía que me instruyeses en breves y claras palabras sobre si todas las categorías, siendo como son diez, se pueden predicar con verdad y propiedad de la suprema esencia, una en tres sustancias, y de las tres sustancias en la misma esencia una.

M. - Sobre ese punto no sé quién pueda hablar con brevedad y claridad. Porque, o se ha de guardar un absoluto silencio, remitiéndose a la simplicidad de la fe ortodoxa, ya que supera toda inteligencia, como está escrito: "Tú que eres el único que posee solo la inmortalidad y habitas en una luz inaccesible", o, si se pone uno a hablar sobre ello, necesariamente tratará de hacerlo verosímil por muchos caminos y argumentos, echando, mano de las dos partes principales de la teología: la afirmativa, que los griegos llaman  y la negativa que llaman .

La una, es decir, la , niega que la divina esencia o sustancia sea alguna de las cosas que son, es decir, que se pueden expresar o entender; la otra, la , predica de ella cuantas cosas existen, y por eso se llama afirmativa -no que confirme que ella es alguna de las cosas que son, sino que hace ver que se pueden predicar de ella todas las cosas que de ella proceden-. Porque lo que es causa, puede razonablemente ser expresado en términos de las cosas por ello causadas, y así dice que es verdad, bondad, esencia, luz, justicia, sol, estrella, espíritu, agua, león, oso, gusano y otras muchas cosas sin cuento, y no sólo saca sus enseñanzas de las cosas que son conforme a naturaleza, sino aun de las que son contra la naturaleza, como cuando dice que está embriagada y que es necia o está loca. Pero no hace ahora a nuestro propósito el hablar de eso, pues ya lo hizo suficientemente San Dionisio Areopagita en la Symbolica Theologia; volvamos, por tanto, a la cuestión que habías propuesto: tu pregunta era si se predican con propiedad de Dios todas las categorías o sólo alguna de ellas.

A. - Sí, hay que volver a esa cuestión. Pero antes tendremos que considerar, según creo, por qué de esos nombres citados, a saber: esencia, verdad, justicia, sabiduría y los demás de esa clase, que parecen ser, no sólo divinos, sino divinísimos, y que no significan otra cosa más que esa divina sustancia o esencia, ha dicho ese mencionado santísimo padre y teólogo que son metafóricas, esto es, trasladadas de la creatura al Creador. Pues pienso que se debe juzgar que habló así no sin una mística y discreta razón.

M. - Tienes buenas dotes de observación.. Tampoco sobre este punto debemos pasar precipitadamente. Por eso, respóndeme, te ruego, si puedes pensar que existe algo opuesto a Dios, o concebido a la vez con Él. Opuesto entiendo, o por privación, o por contrariedad, o por relación, o por ausencia, o por concebido a la vez con Él, quiero decir entendido con Él eternamente, sin ser, sin embargo, coesencial con Él.

A. - Veo claramente a dónde vas. No me atrevería, pues, a decir que existe algo que le sea opuesto, ni algo que se entienda a la vez con Él, que sea , es decir, que sea de otra esencia que Él. Pues los que se oponen relativamente, se oponen siempre de tal suerte, que empiezan a la vez y a la vez cesan de ser, ya sean de la misma naturaleza, como la de unidad al doble, o de 2/3 a 3/2, ya sean de diferente naturaleza, como la luz y las tinieblas, o en la relación de la privación, como muerte y vida, voz y silencio. Pues esas cosas se atribuyen según la recta razón a los seres que están sujetos a nacimiento y desaparición. Las cosas que entre sí discrepan no pueden ser eternas; si lo fuesen, no discreparían entre sí, pues la eternidad se mantiene siempre semejante a sí misma y subsiste siempre toda en sí misma como una simple e individua unidad. Ella es, en efecto, el único principio de todas las cosas, y su único fin, en nada opuesto a Sí mismo. Por lo mismo, no sé quién pueda osar afirmar que es coeterno a Dios algo que no es coesencial con El. Porque si tal cosa se puede pensar o encontrar, se seguirá necesariamente que no hay un solo principio, sino dos [o más], muy diferentes entre sí, cosa que la recta razón ha rechazado siempre sin titubear; de lo que es Uno reciben el ser todas las cosas; pero de dos (o más), nada.

M. - Bien discurres, a mi juicio. Así que, si esos nombres divinos mencionados dicen relación a otros nombres que les son directamente opuestos, necesariamente las cosas propiamente significativas por ellos habrán de ser pensadas como teniendo sus correspondientes contrarios opuestos a ellos; consiguientemente, no pueden ser predicadas de Dios, quien no admite ningún opuesto, ni de quien no se conoce algo coeterno que difiera de El por naturaleza. En efecto, la recta razón no puede encontrar ninguno de esos nombres mencionados o de otros similares, del cual no descubra a su vez otro nombre opuesto a él, o que difiera de él dentro del mismo género. Y lo que conocemos en los nombres, debemos necesariamente conocerlo en las cosas por ellos significadas.

Pero, como las expresiones de significación divina que en la Sagrada Escritura se predican traslaticiamente de la creatura al Creador (si es que correctamente se dice que algo se predica de Dios, cosa que estudiaremos en otro lugar), son innumerables, y no se las puede encontrar y recoger por el corto alcance de nuestro raciocinio, pondremos unos pocos de esos nombres divinos por vía de ejemplo.

Dícese, pues, [Dios] esencia, pero no es propiamente esencia, pues al Ser se opone el no-ser; es, por tanto, , esto es, superesencial. Se dice asimismo bondad, pero no es bondad propiamente; pues a la bondad se opone la malicia. Es, por tanto, , esto es, más que bueno, e , esto es, más que bondad. Se dice Dios, pero no es propiamente hablando Dios, pues a la visión se opone la ceguera, y al que ve, el que no ve. Es, por tanto, , esto es, más que Dios, ya que  se interpreta el que ve. Pero si recurres a otra etimología de este nombre, de suerte que pienses que se deriva, no del verbo  (= ver), sino del verbo  (= correr), te encuentras con el mismo resultado: en efecto, al que corre se le opone el que no corre, como la lentitud a la velocidad. Será, entonces , esto es, más que el que corre, como está escrito: "Velozmente corre su palabra" (Sal 147,15). Pues este texto lo entendemos de la palabra de Dios, que de manera infalible corre a través de todas las cosas que son, para que sean.

Y lo mismo debemos pensar en el caso de la verdad. Pues a la verdad se opone la falsedad, y por eso Él no es propiamente verdad. Es, pues, , esto es, más que verdadero y más que verdad. Y la misma manera de pensar hay que observar en todos los nombres divinos... .

M. - ¿No hemos dicho que la naturaleza inefable no puede ser significada propiamente por ningún verbo, por ningún nombre o por ningún otro sonido sensible, por ninguna cosa significada? En esto estuviste, en efecto, de acuerdo: No es llamada propiamente, sino metafóricamente, esencia, verdad, sabiduría y otras cosas parecidas, sino que se la llama superesencial, más que verdad y más que sabiduría. Pero, al fin, ¿no parecen ser éstos más a modo de nombres propios? Porque si no es llamada esencia propiamente, sin embargo, se la llama propiamente superesencial; igualmente, si no se llama propiamente verdad o sabiduría, sí que se la llama propiamente verdad y más que sabiduría. No carece, por tanto, de sus nombres propios...

A. - También yo me maravillo en qué estaba pensando cuando había pasado por alto sin tocar esta cuestión nada despreciable; por eso, te ruego encarecidamente que me la expongas. Pues comoquiera que se exprese la sustancia divina, por partes muy simples de la oración, o por expresiones compuestas, en griego o en latín, con tal de que se la exprese con propiedad, no parecerá inefable. Pues no es inefable lo que de algún modo se puede expresar.

M. - Ahora sí que estás bien alerta.

A. - Lo estoy. Pero no veo todavía nada sobre esta cuestión que nos acaba de salir al paso.

M. - Vuelve a la conclusión que poco antes hemos obtenido. Hemos dicho, en efecto, si no me engaño, que hay dos partes supremas de la teología, y esto no de por nuestra propia cosecha, sino de la autoridad de San Dionisio Areopagita, que con toda claridad habla de la teología como dividida en dos partes, a saber, en y , que Cicerón expresa como intención y repulsión, pero que nosotros, para que aparezca más claramente el sentido de ambos nombres, hemos preferido traducir por "afirmación" y "negación".

A. - Creo recordar bien esas dos. Pero no veo todavía de qué nos puedan servir para la cuestión que nos hemos propuesto.

M. - ¿No ves cómo estas dos, afirmación y negación, se oponen una a otra?

A. - Lo veo; y pienso que no puede haber una oposición mayor.

M. - Redobla ahora tu atención. Cuando llegues a obtener plena luz por efecto del razonamiento bien llevado, verás con suficiente claridad que esas dos cosas que parecen contrarias entre sí, no se oponen mutuamente de ningún modo cuando se aplican a la naturaleza divina, sino que por todos los modos se armonizan mutuamente en todo. Mas para que aparezca esto más claro, sirvámonos, de unos pocos ejemplos.

Verbigracia, la dice: "Él es verdad"; la contradice: "No es verdad". Aquí parece darse una contradicción, pero mirando las cosas con más atención, no existe ningún conflicto. Porque la afirmación: "Es verdad", no afirma propiamente que la sustancia divina sea verdad, sino que puede llamársela con ese nombre por metáfora, trasladándolo de la creatura al Creador. Así, a la esencia divina, desnuda y despojada de toda propia significación, la viste con tales nombres. Por su parte, la que dice: "Él no es verdad", porque conoce con toda claridad que la naturaleza divina es incomprensible e inefable, no niega que ella es (verdad), sino que niega que se la pueda llamar con propiedad Verdad o que lo sea. Pues todas las significaciones de las que la reviste a la divinidad, la no deja de retirárselas. Una dice, por ejemplo: "Es sabiduría", revistiéndola así de ella; la otra dice: "No es sabiduría", despojándola, a su vez. Una dice: "Se la puede llamar esto", pero no dice: "Esto es propiamente"; la otra dice: "No es esto, aunque se la puede llamar a partir de eso".

A. - Todo esto lo veo clarísimamente, a no ser que me ilusione, y las cosas que antes me parecían opuestas entre sí, veo ahora más claro que la luz del sol que, aplicadas a Dios, se armonizan entre sí y no se oponen en nada. Pero tengo que confesarte que todavía no veo qué tiene que ver todo esto con la solución de la cuestión que nos ocupa.

M. - Esfuerza un poco más la atención y explícame, en cuanto puedas, a qué parte de la teología afirmativa o negativa pertenecen las expresiones que antes hemos aducido: superesencial, más que verdad, más que sabiduría y las demás parecidas.

A. - No me hallo con ánimos para decidirlo por mí mismo. Pues, cuando paro mientes en que esas expresiones carecen de partícula negativa ["no"], temo incluirlas en la parte negativa de la teología; pero, si las adscribo a la parte afirmativa, me doy cuenta de que su sentido no lo consiente. En efecto, cuando se dice: "es superesencial", ninguna otra cosa puedo entender en eso sino la negación de esencia, pues el que dice: "es superesencial", niega de plano que sea esencial, y por lo mismo, aunque la negación no esté expresada en los términos que se pronuncian, no pasa inadvertido su auténtico sentido a los que la consideran bien. En consecuencia, me veo obligado, creo, a reconocer que esas expresiones que parecen carecer de negación, pertenecen, por lo que de ellas se pueden entender, más a la parte negativa de la teología que a la afirmativa.

M. - Veo que has respondido con suma cautela y cuidado, y apruebo decididamente el modo como con tanta sutileza has descubierto en la expresión externa de la parte afirmativa el sentido de la negativa. Sea, pues, si te place, la solución de esta cuestión, la siguiente: que esos nombres que, con la adición de las partículas "super" o "más que" se predican de Dios, como que es superesencial, más que verdad, y otras parecidas, comprenden dentro de sí en sumo grado a las dos predichas partes de la teología, de suerte que en la expresión externa revisten la forma de la afirmativa, pero, en cuanto al sentido, la fuerza de la negativa. Podemos concluir con este breve ejemplo: "Es esencia": afirmación; "no es esencia": negación; "es superesencial": afirmación, y a la vez negación, pues en la expresión externa carece de la negación, pero en el sentido la tiene. Pues la que dice: "es superesencial", no dice lo que es, sino qué no es; dice, en efecto, que no es esencia, sino más que esencia, pero no declara qué es eso que es más que esencia, ya que dice que Dios no es una de aquellas cosas que son, sino que es más que las cosas que son, pero no define de ningún modo qué es ese ser...

Traducción y nota: Clemente Fernández S.I.
 
Antología
 
NOTA
1 S. Gregorio Nacianceno.