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Aquí publicamos la relación de cartas de Marsilio Ficino traducidas del volumen I en inglés The letters of Marsilio Ficino. Ed. Shepheard-Walwyn, Londres, 2001. Edición que a su vez es una traducción revisada del latín, Opera omnia, tomo I. Ed. Bottega d'Erasmo, Turín, 1962. La presente traducción ha sido realizada teniendo en cuenta ambas ediciones.
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Marsilio Ficino el florentino saluda a Giovanni Piero de Padua.
En nuestros tiempos hay muchos que no son filósofos sino filopompos, amantes de la ostentación, quienes con una arrogancia extrema se declaran maestros del pensamiento aristotélico aunque hayan oído las palabras de Aristóteles muy raramente y sólo lo hayan hecho por unos instantes. En esas ocasiones, además, han entendido muy poco, pues no le han oído decir sus propias palabras en griego sino balbucearlas a alguien ajeno en una lengua extranjera. Cuando charlan los muchachos entre sí en la plaza pública, a la multitud le parece que saben mucho. Pero si les preguntas cuidadosamente en casa descubrirás que saben poco de Física, menos de Matemáticas, y lo que menos, de Metafísica.
Hombres así son niños aún cuando tienen setenta años, y no sólo están desprovistos de elocuencia, sino también de gramática. Conciben con un afán extremo, no cosas naturales o divinas, sino ciertas expresiones en una lengua extranjera que a su vez mezclan y confunden estúpidamente. Así, estos sofistas insignificantes introducen temas que son más adecuados para una reunión de niños que para un círculo de hombres. Hablan de una manera tal que condenarías a la Filosofía a causa de su discurso. Y viven de un modo tal que censurarías a la Filosofía a causa de su vida. Por eso nuestro Platón les llamó acertadamente, no esposos de la Filosofía, sino adúlteros, y dijo por ellos que nacen hijos ilegítimos, es decir, opiniones absurdas, entre los filósofos.
Por consiguiente, amigo mío, te alabo por no emular las estupideces infantiles y los esfuerzos vanos de esos hombres que no se sacian en la fuente sino beben a sorbos en arroyos, que no van en pos de la luz de la verdad sino de la sombra de la opinión insensatamente. Sabe que al final te acercarás más a la verdad si tienes mucho cuidado en evitar las sendas de los hombres que yerran.
Encomiéndame a nuestro Bernardo Bembo, ilustrísimo orador veneciano.
Adiós.
Traducción: Marc García.
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