La doctora Mercedes De la Garza es investigadora en la Universidad Nacional Autónoma de México (U.N.A.M.). Ha publicado, entre otros, La conciencia histórica de los antiguos mayas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Estudios Mayas, 1975; El hombre en el pensamiento religioso náhuatl y maya, id. 1978; El universo sagrado de la serpiente entre los mayas, id., 1984; Sueño y alucinación en el mundo náhuatl y maya, id., 1990; Palenque, México, Ed. Miguel Angel Porrúa/Gobierno del Estado de Chiapas, 1992. El presente texto es la traducción de su contribución a la obra colectiva Les Mayas Classiques, J. Maisonneuve, Paris 1998.
Antolog'a de Textos HermZticos
LAS FUERZAS SAGRADAS DEL UNIVERSO MAYA
MERCEDES DE LA GARZA
1ª Parte (1)

INTRODUCCION

Todas las creaciones culturales de los Mayas están basadas en una concepción religiosa del mundo y de la vida, según la cual el universo ha nacido de las energías sagradas que se manifiestan de manera múltiple y por diversos seres naturales que provocan el acontecimiento según el ciclo temporal. Para los Mayas, los seres sobrenaturales crearon el cosmos con una finalidad precisa: la conservación de su propia existencia a cargo de un ser especial, el hombre, motor y eje del cosmos. Con esta concepción del mundo, el pueblo maya hizo de la actividad religiosa el centro de su existencia. 

Su pensamiento religioso está expresado en todas sus creaciones de todas sus ciudades mediante: sus obras plásticas, acompañadas generalmente de textos, sus códices y sus mitos o historia sagrada, conservados en caracteres latinos durante la época colonial, gracias a la acción de los dirigentes mayas para guardar su identidad cara a la invasión de la cultura occidental. Estos mitos, como los de todo pueblo religioso, explican no solamente el nacimiento del mundo (cosmogonía), sino también el comportamiento del hombre, quien es lo que es, determinado por los dioses. Los libros coloniales relatan la historia del grupo como formando parte del mismo proceso. Los mitos son para ellos la historia vivida, la historia verdadera y no una ficción; son su verdad y su guía, la regla de su comportamiento en el mundo, la explicación de su ser y de su lugar en el cosmos. 

Los mitos fundamentales mayas, los de la creación y de la estructura del universo, se perpetúan todavía hoy en las comunidades indígenas. La mayoría de los grupos actuales, a pesar de la conquista española, conservan con pocos cambios los mitos cosmogónicos del período prehispánico, que fueron reunidos por los mismos Mayas en los libros coloniales. Se puede pensar pues que lo esencial de los mitos que sobrevivieron a la colonización española y los diferentes cambios acaecidos después, aparecieron desde el período Preclásico. Y efectivamente, tenemos vestigios materiales lo suficientemente evidentes que permiten conocer, si no el origen, al menos la antigüedad de los conceptos religiosos fundamentales expresados por los mismos indígenas en la época colonial y que nos ayudan a aclarar y comprender su significado. 

La supervivencia de la concepción religiosa maya prehispánica del mundo y de la vida, por sorprendente que sea habida cuenta de los grandes cambios introducidos por el régimen colonial español y los acontecimientos posteriores, puede tener varias explicaciones; la historia de los Mayas nos muestra su brava voluntad de conservar su identidad, lo que les permitió luchar por diferentes medios contra la empresa española. Pero hay otra explicación, los fenómenos religiosos tienen un carácter universal y los mitos reflejan las preocupaciones y los actos esenciales de todos los pueblos por la vida humana. Esto subsiste evidentemente en las culturas indígenas americanas, puesto que no ha desaparecido más que cinco siglos después de la conquista. 

El empleo de un método que compara las fuentes de las diferentes épocas para el conocimiento de la religión maya ha sido una práctica corriente en la historia de la investigación sobre la cultura maya. Este método ha sido adoptado por otras disciplinas; los epigrafistas, por ejemplo, hacen análisis comparativos entre los textos glíficos del período Clásico y los libros coloniales, como el Popol Vuh, que les han aportado numerosas aclaraciones más valiosas que las sacadas de la interpretación de las inscripciones.1 

No nos entretendremos aquí en analizar el contenido religioso de los libros coloniales ni de los tres códices conservados, ya que son del período Postclásico, sin por ello ignorar creencias y ritos de este período. La intención de este trabajo es solamente explicar la religión maya de la época Clásica; y si hemos tenido en cuenta creencias y ritos del Postclásico, como los mitos coloniales y las fechas etnográficas, para apoyar nuestras interpretaciones de las fuentes clásicas, que se limitan a vestigios materiales, es porque considerábamos que éstas no pueden ser comprendidas perfectamente sin pasar lista a lo que los Mayas dicen de ellos mismos y de sus ideas, puesto que nos hallábamos frente a una concepción del mundo y de la vida muy diferente de la nuestra. 

Además el conocimiento de los símbolos y fenómenos religiosos universales representa a nuestro parecer una herramienta esencial para la comprensión de toda religión, como lo ha demostrado la historia comparativa y la fenomenología de las religiones, estos métodos son la base de nuestro trabajo. 

 
LAS MANIFESTACIONES PRECLASICAS DE LOS PRINCIPALES SIMBOLOS RELIGIOSOS DEL PERIODO CLASICO

El análisis simbólico de formas de representación de seres y de fuerzas sobrenaturales en la cultura maya clásica nos remite a formas similares lejanas en diversos lugares de las Altas Tierras de Guatemala y Chiapas, de los que hay que separar Izapa que parece haber sido construido por otros pueblos diferentes de los Mayas durante el período Preclásico. 

Al margen de todo discurso sobre la identidad étnica de los creadores de esta cultura, llamada "Cultura de Izapa", su obra escultórica revela, sin duda alguna, símbolos religiosos y prácticas rituales que se volverán a encontrar en los Mayas clásicos en el área central, es por esto que haremos una breve descripción de ella. 

En las estelas de Izapa hay numerosas figuras de divinidades hombres-pájaros, de dragones,2 de hombres o de dioses saliendo de la boca de una serpiente o de un jaguar, de dioses serpientes de la lluvia con un hacha en la mano y de hombres venerando a los dioses: estos son los motivos principales en el arte maya del período Clásico. 

El dragón en el estilo de Izapa es un animal fantástico que toma los rasgos de una serpiente, de un pájaro, de un jaguar, de un lagarto o de un cocodrilo, animales que simbolizan la sacralización de las fuerzas naturales del universo, de las cuales depende la existencia material del agricultor. 

El dragón representa en general la fertilidad y la deidad, puede ser celeste, terrestre o acuático como lo será más tarde entre los Mayas. 

Entre las representaciones que podemos considerar como prefiguraciones del dragón maya clásico, examinemos la de la estela 2: un ser que desciende, cabeza abajo, con un cuerpo humano, alas y la cruz de San Andrés que será uno de los glifos del cielo maya, tocado de un yelmo hecho con una cabeza de serpiente (fig. 1), el hombre se inclina ante la divinidad celeste al lado del árbol eje del mundo. La estela 21 representa un sacrificio humano por decapitación, en presencia de un gran señor sentado en un palanquín (fig. 2). Este tipo de sacrificio era el más común entre los Mayas clásicos.3 

1. Estela 2 de Izapa. Representa a un dragón celeste descendiendo sobre un árbol; a los lados, dos hombres le rinden veneración, y en las raíces se ubica el dragón terrestre. Preclásico Tardío (de Lowe, Lee and Martínez, Izapa: An Introduction to the Ruins and Monuments, Papers of the New World Archeol. Foundation 31, Utah 1982).
 
 
2. A la izquierda: la estela 25 de Izapa con la imagen del dragón terrestre en forma de cocodrilo, y el pájaro-serpiente en lo alto. A la derecha: la estela 21 de Izapa, cuyo tema es un sacrificio por decapitación. Preclásico Tardío (de Lowe, Lee and Martínez, 1982).

 
Sobre la estela 25 (fig. 2) se encuentran diversos símbolos esenciales del pensamiento religioso maya clásico: el pájaro-serpiente, el dragón terrestre, el axis mundi y el hombre, sostén de los dioses, situado en el centro del cosmos. En la parte inferior vemos la imagen más antigua del dragón terrestre bajo forma de cocodrilo. Tiene la cabeza abajo, su cuerpo elevado verticalmente se transforma en árbol sobre el cual se posa un pájaro; para completar la idea cosmológica del axis mundi, en el centro de la estela un hombre de pie dentro de un rectángulo (quizás el símbolo de la superficie terrestre), sostiene un mástil, sobre el cual se ha posado el pájaro-serpiente. Este pájaro es, como lo hemos mencionado más arriba, el predecesor del pájaro-serpiente maya, mientras que el árbol-cocodrilo es la prefiguración del dragón terrestre, el gran cocodrilo Itzám Cab Ain, imagen simbólica de la tierra en la religión maya. El lagarto y el cocodrilo terrestre aparecen también en la estela 6 (fig. 2a) y en la estela 11 (fig. 3).

 
Estela 6 de Izapa. Preclásico tardío (de Lowe, Lee and Martínez, 1982).
 
 
3. A la izquierda: estela 11 de Izapa, donde vemos al dragón terrestre en forma de lagarto, de cuyas fauces emerge una deidad alada. A la derecha: estela 3 de Izapa que representa al dragón en forma de deidad de la lluvia esgrimiendo su hacha-rayo frente a otro dragón. Preclásico Tardío (de Lowe, Lee and Martínez, 1982).

El hombre, representado en la estela 25 como el ser que, de pie en el centro del mundo, sostiene su eje, expresa el antropocentrismo esencial de la religión mesoamericana; el hombre es otro axis mundi, un ser que por su espíritu y su capacidad de penetrar todos los espacios cósmicos, entra en relación con los dioses y mantiene, mediante actos rituales, por el don de su propia energía vital y de su sangre, el equilibrio y la existencia del universo. 

En Izapa encontramos también al presunto precursor de los dioses mayas de la lluvia, Chaac bajo la forma de un dragón antropomórfico que blande su "hacha-rayo", ante un gigantesco dragón con cuerpo de serpiente (fig. 3, dcha). Estas son las fuerzas sagradas de la fecundidad cósmica en un juego dialéctico, en el cual el dragón-fertilidad viene a ser el símbolo de la muerte, para significar la dinámica de la muerte y del renacimiento que rige el universo. 

 Traducción: Miguel A. Aguirre



1ª Parte (2)

NOTAS
1 Freidel David, Schele Linda and Joy Parker, Maya Cosmos. Three Thousand Years on the Shaman's Path, Quill William Morrow, New York, 1993, p. 60.
2 El término proviene del sustantivo latino dracon, "serpiente", que deriva a veces del verbo dercomai, que define la intensidad de la mirada fija y paralizante de la serpiente. Dracon equivale a ophis, ofidio. Se llaman dragones a las serpientes maléficas de la mitología medieval europea, a los seres serpentinos fantásticos de Persia y de otros países de Asia menor, así como a las divinidades benéficas de China y de Japón, en las cuales se conjugan los rasgos de serpiente y pájaro. Así el "dragón" ha llegado a ser un término universal, y es éste el que define con más precisión este símbolo mesoamericano, uno de cuyos aspectos más notables es la serpiente con plumas, que se encuentra en las culturas más importantes de esta área.
3 Nájera, Martha Ili, El don de la sangre en el equilibrio cósmico, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Estudios Mayas, 1987.


Antología