Antolog'a de Textos HermZticos
LAS FUERZAS SAGRADAS DEL UNIVERSO MAYA
MERCEDES DE LA GARZA
1 Parte (2)
EL COSMOS ESPACIO TEMPORAL4 

Los Mayas se diferencian de todas las culturas antiguas por sus ideas profundamente originales sobre el tiempo y el espacio, si bien se corresponden, bajo ciertos aspectos, con las de otros pueblos antiguos. Ellos piensan que la temporalidad es cíclica, como los Hindúes y los Chinos, y que en el orden temporal del universo alternan períodos de caos y de inmovilidad. 

Como en muchas tradiciones religiosas, para los Mayas el tiempo está ligado íntimamente al Sol y al cielo; el curso del Sol es percibido como un movimiento circular alrededor de la tierra y determina los cambios del espacio, puesto que el tiempo es un movimiento cíclico. Así, para los Mayas, la temporalidad no es un concepto abstracto, sino el evidente y eterno dinamismo del espacio, que da a los seres cualidades múltiples y a veces contradictorias. Este movimiento es ordenado y recurrente, tal como él se manifiesta en la regularidad de la naturaleza y de la vida humana. Para los Mayas, como para muchos otros pueblos, el tiempo es orden y en consecuencia la intemporalidad es caos. 

Las ideas mayas sobre el espacio-tiempo están presentes en todas sus creencias y creaciones culturales, pero principalmente en sus textos proféticos e históricos, en su conocimiento del calendario y de la astronomía, en sus mitos cosmogónicos (del origen del cosmos), y en sus concepciones cosmológicas (de la estructura del cosmos). 

Aquí, hemos puesto de relieve su idea del espacio-tiempo únicamente en la cosmogonía y la cosmología, pero hay que subrayar que los conocimientos matemáticos, astronómicos y cronológicos de los Mayas eran sin duda alguna los más avanzados de todas las culturas antiguas. Baste decir que fueron los primeros en inventar el valor de los números y el uso del cero, y que su calendario solar es el más exacto de todos aquellos que han sido creados, puesto que no presenta más que 17,28 segundos de error con respecto al año tropical. 

Los conocimientos matemáticos, astrológicos y cronológicos de los Mayas pueden ser considerados como una "ciencia objetiva", según el concepto occidental y convencional de la ciencia, pero según sus creadores esas "ciencias" son una manera de unirse a lo sagrado, en la medida en que los astros y el devenir son energías divinas que influyen sobre el mundo y los hombres. Esos conocimientos tienen por fin proteger al hombre, ayudarle a subvenir a sus necesidades materiales y a prever su futuro, ellos están integrados en la religión. Las fuerzas sagradas generadas por el tiempo, son benéficas o maléficas para el hombre. Pero el hombre no está sometido pasivamente a los dioses, puesto que el movimiento es cíclico y que conociendo el pasado, él puede prever y buscar el medio de mejorar su futuro. También, la investigación "científica" maya implica una actitud creativa y libre frente a los dioses, y tiene como preocupación única el destino humano.5 

La Cosmogonía 
Los mitos cosmogónicos mayas conocidos son aquellos que se puede leer en los textos mayas coloniales; los principales son el Popol Vuh de los Quichés (indígenas de Guatemala) o Libro del Consejo, el Memorial de Sololá de los Cakchiqueles y los libros del Chilam Balam de los Mayas del Yucatán. Evidentemente, los manuscritos antiguos y las obras artísticas prehispánicas concuerdan con estos mitos y confirman la antigüedad de los mismos. 

Un análisis comparativo de los mitos contenidos en estos diversos textos coloniales, nos permite hacer una síntesis de ellos, para deducir la expresión clásica de los mismos. 

4. Lado sur de la estela C de Quiriguá. La inscripción relata el mito cosmogónico. Periodo Clásico (Freidel and Schele, 1993, ver nota 1). 

En términos generales, los mitos originales relatan un proceso de creación y de destrucción, una cadena de ciclos o eras cósmicas, en la cual han sido construidos el hombre y el mundo actual. En el pensamiento maya el universo se ha creado y destruido para mejorarse, lo que implica que es infinito. 

Los mitos mayas sobre el origen son complejos y ricos en detalles; aquí no haré más que una breve síntesis de los más representativos de ellos. 

El mito cosmogónico de los Quichés de Guatemala,6 que es el más completo de todos los textos mesoamericanos sobre el origen, relata que los dioses creadores, sentados sobre el agua primitiva indiferenciada, y en un "tiempo estático", un momento de caos, decidieron crear el mundo con el fin de poblarlo con un ser consciente que tuviese por misión venerarlos y alimentarlos. Los dioses creadores reciben diferentes nombres, pero todos son Gucumatz, "Serpiente Quetzal", símbolo de la fuente primitiva, y "Corazón del Cielo", centro original, punto primordial de donde surgirá el cosmos. Las divinidades hacen emerger la tierra y los seres que la pueblan por medio de la palabra, que es la energía creadora, después forman, mediante etapas sucesivas de creación-destrucción, hombres de arcilla y de madera que no responden a la finalidad de los dioses; los primeros fueron destruidos por el diluvio, los segundos se transformaron en monos, y su mundo desapareció bajo una lluvia de lava ardiente. Finalmente los dioses encontraron una materia sagrada, el maíz, que mezclaron con la sangre de la serpiente y del tapir (animales sagrados y simbólicos de la fecundidad y del agua), para formar un hombre nuevo consciente de los dioses y de su misión en la tierra. Los Quichés expresaron así la idea de la unidad consustancial del hombre con la naturaleza y a la vez su particularidad. 

En las etapas sucesivas aparecen Soles diferentes que, como los hombres, son imperfectos y por esto mismo son destruidos. Por fin junto al hombre de maíz surgen el Sol y la Luna actuales, resultado de la apoteosis de dos héroes gemelos, Hunahpú e Ixbalanqué que habiendo jugado a pelota con los dioses de la muerte, mueren, y resucitan en el inframundo. Los astros permanecen fijos en el cielo hasta el momento en que los hombres, recientemente creados, les ofrecen sacrificios humanos, entonces se inicia su rotación y comienza el tiempo profano, la historia de los hombres sobre la tierra.7 

Los mitos de los Mayas antiguos de Yucatán, contenidos en los libros del Chilam Balam, de los cuales conservamos algunos fragmentos, se distinguen por la forma, pero expresan la misma idea cosmogónica, y narran las creaciones y destrucciones cósmicas, transmitiendo las principales ideas cosmológicas de los Mayas. Uno de los fragmentos, intitulado "Libro de los dioses antiguos", expresa la idea de que después de diferentes épocas de creación y destrucción de los hombres, el espacio celeste se derrumbó, y que los dioses Bacabes, encargados de sostener el cielo en las cuatro direcciones cósmicas, lo volvieron a levantar y colocaron en cada esquina las cuatro ceibas cósmicas, con un pájaro en el follaje, y la "Gran Madre Ceiba" o ceiba verde en el centro del universo.8 

En todos los mitos quichés como en los de los Mayas de Yucatán, los hombres de la última era, los hombres de maíz, son el resultado de un perfeccionamiento progresivo, en espiral, de seres humanos determinados por la sustancia de la que han sido formados, sustancia que va mejorándose para alcanzar su apogeo con los maíz. Los hombres de la última era9 son diferentes, no solamente porque llevan en sí mismos otra sustancia sagrada, la sangre de los dioses, sino también por su nueva cualidad, la consciencia, que les revela su misión: subvenir a las necesidades de los dioses. 

La versión del mito cosmogónico maya contenido en el Popol Vuh y en el Memorial de Sololá parece encontrarse en textos jeroglíficos de bajorrelieves y vasijas del período Clásico, y ha sobrevivido hasta hoy, con pocos cambios, en numerosos grupos mayas, tales como los Tzotziles, los Tzeltales, los Lacandones y los Mayas de Yucatán; esto corrobora la opinión según la cual, en la época prehispánica, dicha versión fue común en los diversos grupos mayas, y confirma la persistencia de las creencias de base como las que hemos descrito más arriba.10 

Uno de los mitos preferidos, tanto por los grupos mayas actuales, como por los del período Clásico, es el de los gemelos Hunahpú y Ixbalanqué, representados en obras clásicas, cerámicas o esculturas, ocupados, por ejemplo, en tirar sobre pájaros con cerbatanas, lo que concuerda con el mito. 

Freidel y Schele aseguran que el mito maya de la creación contenido en el Popol Vuh no es diferente al descrito en los siglos VI, VII y VIII en los monumentos de piedra de las grandes ciudades mayas.11 

"No poseemos escrito alguno del período Clásico equivalente al Popol Vuh escrito por el pueblo quiché después de la conquista española. Pero poseemos la historia de la Creación tal como la describen los gobernantes mayas en sus monumentos reales."12  
 
Estos autores han leído e interpretado los tres textos de la ciudad de Cobá, donde se afirma que el mundo actual fue creado en 13.0.0.0.0, el día 4 Ahau 8 Cumhu, lo que corresponde al 13 de agosto del 3114 a. de J.-C. en nuestro calendario; esta fecha, o Fecha de la Era, marca el origen para la datación en los calendarios mayas antiguos.13 Al encontrar esta misma fecha en la estela C de Quiriguá, ellos interpretaron la inscripción como el registro del nacimiento del mundo actual (fig. 4). El texto dice que en el día 4 Ahau 8 Cumhu "se manifestaron imágenes y fueron colocadas tres piedras..."; éstas parecen tener relación con las tres piedras que los Mayas ponen en el centro de su casa; en este texto cosmogónico, ellas son muy claramente el símbolo del centro del mundo. 

5. Lado norte de la estela C de Quiriguá. El dios Itzamná antropomorfizado portando un glifo del cielo. Periodo Clásico (dibujo de M. Aguirre, basado en Maudslay, Biologia Centrali-Americana... Melipatron Publ. N. York 1974). 

La parte posterior o el lado norte de la estela representa, para nosotros, al dios Itzamná, "El Dragón", dios supremo de la religión maya, en su aspecto humano, llevando las bandas celestes cruzadas (fig. 5); este dios es el creador del cosmos, según los textos coloniales, lo que nos confirma que el texto de la estela C se refiere a la creación. 

Otra obra en la que los epigrafistas encontraron el mito cosmogónico es el panel del Templo de la Cruz en Palenque. La creación comenzó con el nacimiento del Primer Padre (16 de junio del 3122 a. de J.-C.), que "se elevó" al centro del cielo, sobre el árbol eje del mundo. Este Primer Padre es llamado Wak-Chan-Ahaw "(Seis o) Sublime Señor del Cielo". Después nació la Primera Madre (7 de diciembre del 3121 a. de J.-C.). 

Este texto acompaña a una representación (fig. 64) del árbol eje del mundo identificado con el dios supremo celeste Itzamná, además en medio del árbol se forman serpientes bicéfalas y arriba el pájaro-serpiente, que interpretamos como un aspecto del dragón celeste;14 éste Primer Padre sería Itzamná mismo; en Palenque se le llama dios G1, y precisamente el Templo de la Cruz le está dedicado. La divinidad esculpida en el lado norte de la estela 10 de Quiriguá es también Itzamná. 

Cosmología 
Entre los Mayas, para evocar la idea de espacio y de universo, tres símbolos religiosos fundamentales juegan un papel importante: la cruz y el cuadrado, que no pueden estar separados, y la pirámide. 

Los Mayas consideran que el universo está formado por tres grandes extensiones: el cielo, la tierra y el mundo inferior. El cielo se divide en trece estratos horizontales, de donde la forma de la pirámide en escalera, como lo sugiere Eric Thompson;15 lo cual es verosímil, puesto que las construcciones piramidales que sostienen los templos representan las montañas sagradas, pero ante todo, simbolizan el espacio celeste cuya última plataforma lleva a la divinidad suprema.16 Correlativamente, el inframundo está representado igualmente por una pirámide, pero de nueve estratos y a veces invertida.17 La tierra era imaginada como una plancha plana, cuadrangular, dividida en cuatro sectores, cada uno de ellos teniendo como símbolo un color, con un árbol (ceiba) sobre el cual se posa un pájaro, una especie de maíz y de judía. Los árboles sostienen el cielo al lado de las divinidades antropomórficas, denominadas Bacabes.18 

Los mitos mayas hablan también de una gran ceiba verde dispuesta en el centro del universo, la "Gran Madre Ceiba", que atraviesa los tres planos. Esta imagen del Árbol Cósmico, situado en el centro del mundo, es una de las más corrientes del simbolismo universal del centro. 

La concepción de la cuaternidad terrestre, que encontramos muy claramente en la cosmología maya, parece resultar de la observación del fenómeno natural de la salida y la puesta del Sol sobre la línea donde el cielo y la tierra se unen, en el vasto ciclo anual del astro. Esto ha determinado las cuatro extensiones de la tierra, los puntos cardinales, como cuatro direcciones que se unen en la cuaternidad del espacio y del tiempo. 

En 1968, Alfonso Villa Rojas hizo progresar a la arqueoastronomía publicando una nueva interpretación fundada en la cuaternidad del pensamiento maya. Para él los cuatro sectores corresponden a las cuatro casas del Sol: dos al Este y dos al Oeste; estos puntos intercardinales representan las alturas extremas del Sol sobre el horizonte, a la salida y a la puesta durante su ciclo anual, su salida en el solsticio de verano y en el solsticio de invierno, y su puesta en el solsticio de verano y en el solsticio de invierno. La posición del centro, o zenit, sería la quinta casa del Sol.19 Así, el Norte estaría "a la derecha del camino del sol", el Sur "a la izquierda del camino del sol", y las "cuatro esquinas del mundo" corresponderían a las posiciones NE, NO, SO y SE.20 

Estos cuatro lugares no parecen corresponder exactamente con los puntos cardinales, pero el significado religioso del oriente y del occidente fue esencial para el carácter sagrado del Sol; sin embargo el Norte y el Sur no fueron nunca eliminados del pensamiento cosmológico maya, como lo afirman sin mucho fundamento algunos investigadores.21 Miguel León-Portilla demuestra que en el pensamiento religioso maya los cuatro puntos cardinales tuvieron un significado religioso esencial, si bien los principales fueron sin duda alguna el oriente y el occidente. La existencia de estos cuatro puntos cardinales está corroborada por la presencia de glifos que designan cada uno de ellos (fig. 6), y por el descubrimiento, por Richard E. W. Adams en 1985, de una tumba en el Río Azul, cuyos muros llevan los glifos de los cuatro puntos cardinales, exactamente en las direcciones reales.22

 
6. Arriba: glifos de los cuatro puntos cardinales. De izquierda a derecha: Este (Palenque, Inscripciones), Norte (Códice de Madrid, 50b), Oeste (Palenque, Inscripciones), Sur (Quiriguá, estela M). Abajo, a la izquierda: glifo del Sol; a la derecha: tres ejemplos del glifo denominado Quinconce, que esquematiza las cinco direcciones cósmicas (de Thompson, 1962; 1978; ver también Grandeza y decadencia de los Mayas; F.C.E. México 1964).

 Traducción: Miguel A. Aguirre


1 Parte (3)

NOTAS
4 Garza, Mercedes De la, Ana Luisa Izquierdo, "Espacio-tiempo en la antigüedad maya y náhuatl", México-India, similitudes y contactos a través de la historia, México, Fondo de Cultura Económica. India: Indian Council for Cultural Relations, en prensa.
5 Garza, Mercedes De la, La conciencia histórica de los antiguos mayas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Estudios Mayas, 1975.
6 Contenido en el Popol Vuh, Las antiguas historias del Quiché, 9ª ed., trad. Adrián Recinos, México, Fondo de Cultura Económica (Col. Popular, 11), 1968. Edizione italiana: Popol Vuh. Le antiche storie del Quiché, Einaudi Reprints, Torino, 2ª edizione, 1981, y en el Memorial de Sololá, Anales de los cakchiqueles, traducción de Adrián Recinos, in: M. de la Garza Literatura Maya, 1980.
7 Popol Vuh...
8 Libro de Chilam Balam de Chumayel, trad. Antonio Médiz Bolio, México, Secretaría de Educación Pública (Serie "Cien de México"), 1985, p. 242-244.
9 En la cosmogonía náhuatl es también "la quinta", correspondiente a la quinta dirección cósmica en el centro del universo.
10 Garza, Mercedes De la, "Los mayas. Antiguas y nuevas palabras sobre el origen", Mitos cosmogónicos del México Indígena, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1987.
11 Freidel y Schele, obra cit.
12 Ibid., p. 64.
13 En esta fecha se terminan 13 grandes ciclos de 400 años, llamados Baktunes en la concepción maya, según la cual el tiempo es infinito. De acuerdo con la idea cosmogónica, antes existieron las otras eras cósmicas a las que se refieren los mitos.
14 Freidel y Schele llaman Primer Padre al pájaro-serpiente Itzám-Ye, identificado con Vucub Caquix, Sept Ara, del Popol Vuh, el falso Sol de la era anterior, interpretación que difiere de la nuestra. Ver el análisis del pájaro-serpiente en el Capítulo III los dioses.
15 Thompson, S. Eric, Maya History and Religion, Oklahoma, University of Oklahoma Press, Norman, 1970, pp. 195-196.
16 Los Tzotziles contemporáneos describen la montaña sagrada en cuya cumbre habitan los antepasados divinizados y los dioses, separados siguiendo sus niveles de rangos sociales, y ligados por una gran escalera idéntica a la de una pirámide (Holland, William, Medicina maya en los altos de Chiapas, un estudio del cambio socio-cultural, México, Instituto Nacional Indigenista, 1978, p. 110). Esto refuta la interpretación de la idea prehispánica del cielo en pirámide escalonada. En los textos coloniales se supone que los dioses en el comienzo de los tiempos se encontraban sobre la montaña.
17 Para los Mayas, la cifra 10 es la cifra del dios de la muerte, por lo que residiría bajo los nueve estratos del inframundo.
18 Chilam Balam de Chumayel, p. 88-89.
19 Ver Aveni, Anthony, Skywatchers of Ancient Mexico, Austin, University of Texas Press, 1980, y Villa Rojas, Alfonso, "Los conceptos de espacio y tiempo entre los grupos mayances contemporáneos", 1968, Apéndice I, Miguel León Portilla, Tiempo y realidad en el pensamiento maya, 1994.
20 Ver Villa Rojas, 1968, p. 136.
21 Ver la discusión en León-Portilla Miguel, Tiempo y realidad en el pensamiento maya, 2a ed., México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1994, apéndice II.
22 Adams, Richard E.W., "Río Azul", National Geographic Magazine, Washington, D.C., v. 169, num. 4, april, 1986, pp. 441-442. Ver León-Portilla, 1994.


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