Antolog’a de Textos Herm≥ticos
LAS FUERZAS SAGRADAS DEL UNIVERSO MAYA
MERCEDES DE LA GARZA

1™ Parte (3)

Otros dos puntos parecen importantes en la cosmología maya: el más alto en el centro del cielo, el zenit, y el más bajo en el centro del inframundo, el nadir.23 Las dimensiones cósmicas serían pues en número de siete incluyendo en ellas la del centro del mundo. 

En el pensamiento maya el espacio terrestre no se concibe sin el tiempo, y ambos están determinados por el ciclo solar. Por los cuatro sectores y los tres niveles cósmicos "caminaban" los cuatro "Portadores del año", como se les llamaba en el calendario ritual de 260 días, comunicando el movimiento ordenado al espacio e impregnando de sus influencias positivas o negativas a todos los seres. 

Numerosos centros ceremoniales del Período Clásico expresan estas ideas cosmológicas,24 pero cada uno de los estratos cósmicos está simbolizado por la escultura de un monstruo reptil, que hemos llamado "dragón" ya que se trata de una criatura híbrida que presenta los rasgos de diversos animales sagrados, pero en los que predomina el carácter de serpiente. Este ser, como lo hemos dicho, es la divinidad suprema que rige todos los planos y niveles del universo. 

En la simbólica religiosa, el cuadrado representa el mundo material, lo sólido, lo tangible, lo sensible; pero deriva de la cruz, cuyo número sagrado por excelencia no es el cuatro sino el cinco, número que resulta de la confluencia de las dos líneas de la cruz, el Centro del universo. Los cuatro lados están en relación con el centro o punto de intersección de los ejes de la cruz y no se puede considerarlos por separado. El es el centro común al cielo, a la tierra y al inframundo, ya que es el punto de unión y de comunicación de los diferentes espacios cósmicos. Asimismo, el centro no es solamente un punto, sino un eje que une los dos polos del cosmos.25 Por este eje, cordón umbilical del mundo, el Centro es el umbral donde puede efectuarse la ruptura de nivel, un salto hacia otro mundo. 

Los símbolos mayas de toda esta visión del cosmos, cuaternidad y quinta dirección, son múltiples. Primero tenemos el glifo del Sol, una flor de cuatro pétalos26 (fig. 6), que rige el tiempo y determina la división del espacio. Otro glifo, que representa geométricamente el cosmos cuádruple con su centro, es el quinconce27 (fig. 6). 

Uno de los símbolos mayas más notables de la cuaternidad cósmica y del axis mundi es la cruz que se encuentra en numerosas obras clásicas, en Palenque en la losa del Templo de las Inscripciones (sarcófago) (fig. b, ver serie a-d de Palenque), de la Cruz (fig. a)28 y de la Cruz Foliada (fig. d)29, así como en los dinteles 2 (fig. 8) y 5 (fig. 7) de Yaxchilán. En los dos primeros templos, la cruz está formada por un cuerpo de dragón celeste que se apoya sobre una máscara de dragón terrestre y se remata arriba con el pájaro-serpiente, que es una variante de la deidad del cielo; en el Templo de la Cruz Foliada, el árbol cósmico es una planta de maíz en forma de cruz, sobre la cual reposa una máscara del dios solar en forma de dragón celeste, en la cima del eje vertical se halla el pájaro-serpiente. En estas obras se encuentran reunidos simultáneamente los cuatro lugares, los tres niveles cósmicos y el axis mundi.

7. Dintel 5 de Yaxchilán. ca. 760 d.C. Clásico Tardío (de Freidel, Schele and Parker, 1993).
 
8. Dintel 2 de Yaxchilán, donde el gobernante, Pájaro Jaguar IV, lleva como cetro una cruz que simboliza el axis mundi y los cuatro rumbos cósmicos. Fecha maya 9.16.6.0.0, 757 d. C. Clásico Tardío (Graham, vol. 3, parte 1, 1982; ver también Descubriendo el Mundo Maya. Siglo XIX, Celanes mexicana, México 1987).

En los dinteles 2 y 5 (figs. 8 y 7) de Yaxchilán, los gobernadores llevan cetros en forma de cruz adornada de flores en la rama horizontal, y de un quetzal cabeza abajo en la parte superior, que simboliza la divinidad celeste en lo alto del axis mundi

Pero en el mundo maya la cuaternidad no es solamente terrestre, abraza también el mundo celeste y el inframundo; los mitos hablan de cuatro regiones del cielo, que serían las cuatro caras de la pirámide celeste, las cuales llevan los colores terrestres; los mitos recogen también las cuatro regiones del mundo inferior, incluyendo en ellas al dios supremo celeste Itzamná que es a la vez uno y cuatro, y los cuatro colores cósmicos, que son los del maíz: negro, blanco, rojo y amarillo. 

La pirámide es uno de los símbolos universales de la cuaternidad cósmica y del centro del mundo. Representa la montaña, y es una figura perfecta: un volumen orientado hacia el vértice superior al cual tiende, allí donde termina en unidad. Ella significa así la totalidad. Está limitada por caras antagónicas que materializan las oposiciones cósmicas. Reposa sobre una base cuadrangular, pegada a la tierra, con la cual se identifica, mientras que su punta representa el nivel celeste.30 

En el pensamiento maya, la pirámide celeste simboliza la ascensión progresiva desde la multiplicidad terrestre hasta la unidad, representada por la cima, y donde reside el dios supremo Itzamná, "El Dragón", principio vital del cosmos. La pirámide celeste simboliza así la divinización progresiva del cosmos. Ese punto supremo es el del Sol, pues corresponde al zenit, por lo cual el Dragón y el Sol se identifican. 

La pirámide invertida del mundo inferior significa el descenso desde el nivel terrestre cuadrangular, asiento de la multiplicidad y del cambio, hasta la unidad sagrada de la muerte, fin de la temporalidad y de lo terrestre. Aquí, en el estrato más bajo del inframundo, reside el dios de la muerte, complemento dialéctico del dios supremo celeste. La divinidad de la muerte se identifica también con el Sol en su nadir, el Sol muerto. 

Los vértices de las pirámides cosmológicas simbolizan los dos principios sagrados opuestos, representación de las dos posiciones extremas del sol, zenit y nadir, que simbolizan la vida y la muerte, rigiendo el equilibrio del cosmos, y cuya alternancia permite la existencia sobre la tierra. 

Estos símbolos mesoamericanos son universales: la pirámide, o triángulo con la punta en alto, es la montaña, la subida al cielo, mientras que la pirámide invertida es el símbolo de la caverna, la entrada hacia el otro mundo; así, la primera es principio masculino y activo mientras que la segunda es femenina y pasiva;31 para los Mayas, el otro mundo es el vientre de la tierra-madre, en tanto que guardián de las semillas y los tesoros, al lado de los muertos, que pueden ser el origen de una vida nueva. 

Así, en el pensamiento maya la cuaternidad se extiende a lo celeste y al inframundo unificándolos. La unidad de los principios sagrados opuestos es la culminación de una espiritualización progresiva, de un abandono gradual de la materialidad del nivel terrestre, hacia la vida y hacia la muerte. 

En este pensamiento reside la inigualable consciencia de la unidad cósmica: la tierra, el cielo y el mundo inferior son realidades distintas, pero participan en lo sagrado, compartiendo una estructura en la cual la cruz, el cuadrado, el triángulo y la esfera coexisten, es decir, que el espacio y el tiempo constituyen una unidad. 

Las ideas cosmológicas y los conocimientos astronómicos determinaron la ordenación de los espacios sagrados en la tierra: los centros ceremoniales. Los templos fueron construidos orientados hacia las direcciones astrales,32 principalmente hacia los puntos notables de los equinoccios y de los solsticios; ellos estaban dispuestos sobre bases piramidales, donde solamente los sacerdotes podían acceder, mientras que el pueblo permanecía en las plazas durante las ceremonias religiosas. 

Esto para expresar que subir a la pirámide, que representa la montaña sagrada cósmica, significa acceder a la región celeste con el fin de comunicar con lo sagrado; el sacerdote, llegado a la terraza superior del templo, realizaba una ruptura de nivel: trascendiendo el espacio de los hombres, penetraba el de los dioses. 

La arquitectónica y la escultura reflejan la cosmología maya, y confirman que las ideas expresadas en los mitos estaban presentes en el Clásico. No mencionaremos más que algunos ejemplos.

 
9. Templo 22 de Copán, cuya fachada representa los tres niveles cósmicos. Periodo Clásico (de Freidel, Schele and Parker, 1993).

La fachada del Templo 22 de la ciudad de Copán, en Honduras (fig. 9), está adornada con un extraordinario alto-relieve que representa los tres niveles verticales del cosmos: en la base del templo, debajo de la entrada, un friso de cráneos enmarcado por dos máscaras de la divinidad de la muerte simboliza el mundo inferior. Encima de ellos, dos figuras humanas medio arrodilladas parecen representar a los Bacabes, divinidades situadas en los cuatro lugares cósmicos sosteniendo el cielo, que simbolizan el nivel terrestre. Ellas llevan sobre sus espaldas una gran serpiente bicéfala, representación del dragón celeste. 

Uno de los mejores ejemplos clásicos de la arquitectura cosmológica mesoamericana se encuentra en Palenque (situado en el actual estado de Chiapas).33 Aquí encontramos una pirámide de nueve niveles que simboliza el otro mundo (aunque no sea invertida) y otra de trece niveles que representa el cielo, lo que prueba que la estructura cósmica se concebía en forma piramidal.


Sección y planta del Templo de las Inscripciones de Palenque, donde se halla la cripta de la tumba de Pacal II (de Miller, 1986)

El Templo de las Inscripciones
(ver también Miller, Mary y Taube, Karl: The Gods and Symbols of Ancient Mexico and tha Maya. An Illustrated Dictionary of Mesoamerican Religion. Thames and Hudson, Londres 1993)

La pirámide del inframundo, denominada Templo de las Inscripciones (arriba), encierra la tumba y la escultura de Pacal, situadas en el punto central más profundo, símbolo del décimo estrato del otro mundo, puesto que está bajo el nivel de la plaza; se accede a la tumba descendiendo de lo más alto de la pirámide hacia su centro, hacia el inframundo, por los nueve estratos, a partir del nivel terrestre, que la mayoría de los espíritus inmortales de los hombres debían recorrer después de su muerte. 

En la ciudad de Dzibanché, Campeche, hay un templo, llamado Templo del Búho, que fue igualmente concebido para ser un monumento funerario; encierra diferentes cámaras mortuorias y una sepultura principal, que no ha sido nunca excavada, situadas justo encima de la plaza.34 El acceso se hace desde lo alto de la pirámide, como en la tumba de Pacal en Palenque, pero el basamento, en lugar de tener nueve cuerpos no tiene más que cuatro. Thompson decía que la pirámide del inframundo estaba formada de cuatro escaleras por un lado, de cuatro por el otro, y que la escalera inferior llevaba el número nueve. Para él, ese basamento representa quizás, como en Palenque, la estructura del mundo inferior, de donde viene el espíritu de la muerte.35



1™ Parte (4)

NOTAS
23 Ver Cohodas, Marvin, "The Iconography of the Panels of the Sun, Cross and Foliated Cross at Palenque", part II, Primera Mesa Redonda de Palenque, Pebble Beach, California, Pre-Columbian Art Research, The Robert Louis Stevenson School, 1974.
24 Ver más adelante [en la 2ª Parte] el apartadoLos espacios sagrados.
25 Guénon, obra cit., p. 57. [Las obras referenciadas de R. Guénon faltan en la Bibliografía].
26 Thompson, S. Eric, A Catalog of Maya Hieroglyphs, Oklahoma, University of Oklahoma Press, Norman (The Civilization of the American Indian Series), 1962, glifo 544.
27 Ibid., glifo T585.
28 Freidel y Schele lo llaman Arbol del Mundo y dicen que su cifra jeroglífica es Wakah-chan que significa literalmente "Levantado hasta el cielo" (p. 53).
29 Freidel y Schele llaman este axis mundi Na-Te'-Kan, "Primer-árbol-precioso" (p. 54).
30 Champeaux, Gerard de, Dom Sebastien Sterckx, Introducción a los símbolos, Madrid, Ediciones Encuentro, 1989, p. 222.
31 Guénon, 1969, p. 186-187.
32 Como lo ha mostrado la arqueoastronomía, nueva ciencia fundada por Anthony Aveni, a la que han contribuido, entre otros, Horst Hartung y John B. Carlson.
33 Ver Garza, Mercedes De la, Palenque, México, Ed. Miguel Angel Porrúa/Gobierno del Estado de Chiapas, 1992.
34 Campana, Y, Luz Evelia, "La tumba del Templo del Búho, Dzibanché", Arqueología Mexicana, vol. III, num. 14, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, julio-agosto, 1995.
35 Thompson, Maya History and Religion, pp. 195-196. Esta idea se encuentra entre los Tzotziles actuales.


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